ARTÍCULO
La Delegación, la Novación y la Cesión de Créditos: Matices y Contrastes

Por Aquiles Calderón

La comparación de las figuras jurídicas de la delegación, la novación y la cesión de créditos, constituye una labor de decantación entre tres operaciones que involucran de alguna manera a tres sujetos y que tienen una notoria incidencia en el campo de la movilidad o transformación de las obligaciones.  Las obligaciones como los seres vivientes, nacen, se desarrollan y mueren.  Asimismo, el Derecho como cuerpo de normativas sociales es permeable a los fenómenos sociales y es impactado  por la  fluctuación que acusan constantemente las  fórmulas de interpretación de la realidad. De modo, que ni las obligaciones jurídicas en su desarrollo experimentan un crecimiento puramente geométrico ni tampoco las modalidades de interpretación de sus particularidades y efectos continúan estáticas, toda vez que la plataforma social que les sirve de escenario se mantiene sometida a una dinámica constante.

 

Esa  dialéctica de la vida social  genera cambios en las obligaciones formadas por las partes, producto de los cuales se adicionan o se sustraen elementos, o  se transforman los que ya están presentes. En ese campo de transformaciones nos encontramos cuando enfocamos las particularidades de estas operaciones, en razón de que todas ellas implican mutaciones respecto de vínculos jurídicos preexistentes, pero asimismo todas tienen peculiaridades que le son propias y que las hacen titulares de una mayor o menor complejidad al momento de su ejecución o interpretación.

 

Por demás,  cada día nos encontramos con problemas nuevos (o renovados) sobre figuras jurídicas que han estado latentes en nuestro Derecho Positivo durante siglos y cada día surgen nuevas o transmutadas valoraciones sobre el sentido y alcance de estas operaciones.  Corresponde en consecuencia, extraer de los elementos y aspectos que interactúan en su conformación y funcionamiento, las características inherentes a cada una de estas operaciones, a fin de precisar entonces el alcance y la utilidad actual de cada una de ellas.   Para ello, puede resultar provechoso, partir de una comparación de estas nociones, en función de sus rasgos definitorios, su naturaleza jurídica y sus requisitos de formación (I) para luego comparar sus diversos efectos (II).

 

I.          COMPARACIÓN DE LAS NOCIONES:

 

Al momento de indagar las particularidades específicas de cada operación, resulta conveniente examinar las características de la novación y la delegación para luego compararlas ambas con la cesión de créditos y posteriormente establecer los requisitos de formación y efectos de cada una de ellas.

 

A.     CARACTERÍSTICAS DE CADA OPERACIÓN:

 

1.      Delegación y Novación 

 

La delegación es una operación por la cual una persona (delegado) cumple o se compromete a cumplir una prestación a favor de otra (delegatario) por orden de una tercera (delegante). Frecuentemente el delegado es deudor delegante y por ello que se compromete frente al delegatario, amén de que el delegante es deudor del delegatario.  Es decir, por lo regular  previamente a la formación de la delegación existen dos deudas: una del delegante con respecto al delegatario y otra del delegado frente al delegante, quien entonces le requiere  a su propio deudor, el delegado, comprometerse frente al delegatario. El delegatario interviene siempre en calidad de acreedor, pero el papel activo o pasivo que juegue en la transformación a ser operada va a implicar diferencias significativas en los efectos de la operación.  Si el delegatario manifiesta expresamente su voluntad de propiciar una novación de la deuda original contraída por el delegante, se producirá entonces la extinción del compromiso del delegante frente a él, en cuyo caso estaríamos en presencia de lo que se  ha denominado una delegación perfecta, la cual tendrá efecto novatorio pero sólo si el delegatario lo ha indicado expresamente (Art. 1275). “La delegación perfecta libera al delegante frente al delegatario que no tendría recursos mas que contra el delegado” (Ch. Civ. 23 nov. 1898; DP 1899, 1. 21).  La delegación perfecta implicaría en consecuencia, la sustitución de un deudor por otro.  Ahora bien, a falta de este consentimiento del delegatario las obligaciones originales coexistirían y el delegatario tendría entonces un deudor adicional, es el caso de la delegación imperfecta. La delegación en consecuencia, podrá implicar novación cuando ésta ha sido la intención expresa de las partes. Así, la sola aceptación por el acreedor de la constitución de un nuevo deudor a requerimiento del primero, inclusive si no es seguida de ninguna reserva, no implica, en ausencia de declaración expresa, que él haya entendido descargar al deudor original de su obligación.  (Ch. Com. 12 déc. 1995; JCP 96, IV, 303, Bull. IV, n. 294, p. 271).

 

Al tiempo de consentir en la delegación, el delegante y el delegado podrían haber  pactado por su parte la sustitución de la deuda entre ellos, por la deuda entre el delegado y el delegatario, en cuyo caso, quedaría también extinguido el compromiso asumido por el delegado frente al delegante, de suerte que en esa hipótesis subsistirá solo una deuda, la del delegado frente al delegatario. 

 

Sin embargo, debe tenerse presente que esta es una simplemente de las situaciones que pueden dar lugar a la disolución de la deuda por efecto de la novación, toda vez que la misma implica la extinción de la obligación original, mediante su sustitución por una nueva, operada como consecuencia del trasplante de uno de sus elementos originales: el objeto, el deudor o el acreedor.  La novación se produce por una de tres vías: a) cuando deudor y acreedor contratan una deuda nueva que sustituye la anterior; b) cuando un nuevo deudor viene a sustituir al deudor original, quien es entonces descargado por el acreedor; y c) cuando las partes acuerdan la sustitución del acreedor, quedando el deudor descargado frente al acreedor original (Art. 1271).

 

En consecuencia,  no toda delegación implica novación, ni tampoco toda novación es el resultado de una delegación de deuda.  Así, para que haya novación debe existir una deuda previa, para que haya delegación no.  En este sentido, la Corte de Casación Francesa ha precisado que “la novación supone la existencia de una deuda a ser extinguida y la creación de una deuda nueva”[1] Por otra parte, para que se produzca la novación no se requiere necesariamente del concurso del primer deudor (Art.1274) en lo cual se asemeja a la cesión de créditos, aunque por razones distintas.  El deudor cedido no tiene que ser parte de la cesión, puesto que se trata de una transferencia que tiene por objeto el crédito del cual el cedente es el titular, por lo que puede disponer de él sin requerir la aprobación del deudor, mientras que la novación constituye un medio de extinción de la obligación, y como el pago mismo, puede provenir de un tercero.[2]  Sin embargo para la validez de la delegación se exige un compromiso del delegado, aunque la manifestación de su voluntad en este sentido no está sometida a ninguna formalidad y puede ser expresada inclusive de manera tácita.[3] 

 

2.      La Delegación y la Novación, frente a la Cesión de Créditos

 

La cesión de crédito tiene por objeto la transferencia de un derecho personal o de crédito de que es titular el cedente.  Recae, en consecuencia, sobre un bien que se encuentra en el patrimonio del acreedor y para cuya transferencia no es requerido el consentimiento del deudor cedido, aun cuando para su exigibilidad resulte  necesario que el deudor haya sido puesto en conocimiento de dicha transferencia.    

 

El compromiso, sin embargo, asumido por el delegado frente al delegatario, si bien la lógica hace suponer la existencia de una deuda previa, no está condicionado para su validez y funcionalidad a una deuda anterior.  Entre la deuda del delegado frente al delegante, y la del delegante frente al delegatario, no existe vínculo jurídico alguno. La obligación del delegado frente al delegatario se explica como un contrato abstracto, cuya validez resulta de la operación misma sin atender a su causa[4].

 

Ahora bien, en el caso de la cesión de créditos nos encontramos frente a una operación de transferencia  cuyo objeto lo constituye un crédito preexistente, en virtud del cual el acreedor (cedente), transfiere a otro (cesionario) sus derechos frente a su deudor (cedido), con la particularidad de que el crédito es transmitido al cesionario en las mismas condiciones en que se encontraba frente al acreedor original (cedente).  Se trata de una transferencia que podrá efectuarse bien a título oneroso, en cuyo caso estará regida por las reglas de la venta, o bien a título gratuito, caso en el cual las disposiciones aplicables serán las de la donación.

 

Por otra parte, para la oponibilidad de la cesión de créditos frente a los terceros y particularmente frente al deudor cedido, en tanto tercero respecto de la operación de transferencia, se exige el conocimiento del deudor cedido manifestado mediante acto auténtico u obtenido a través de la notificación de la cesión mediante acto de alguacil, de conformidad a las previsiones del artículo 1690 del Código Civil.  Es decir, que los efectos de esa cesión no serán exigibles a los que no han tomado parte en ella, si su materialización no se le ha comunicado al deudor cedido mediante acto de alguacil[5], a menos que éste manifieste su conocimiento mediante acto auténtico. Se trata simplemente de una formalidad de publicidad; el consentimiento del deudor no es exigido.  De ahí que inclusive, la jurisprudencia admite que en lo que se refiere al deudor cedido, las formalidades de publicidad quedan suplidas, en el caso de que manifieste haber tomado conocimiento de la cesión aun fuese mediante acto bajo firma privada, y no mediante acto auténtico.[6]  Sin embargo, el requisito de la notificación o la aceptación mediante auténtico son retenidas como condición para hacer oponible la cesión frente a los demás terceros.  Para el caso de la delegación y de la novación, como no se trata de una transferencia, las reglas de publicidad mencionadas no son exigidas[7].

 

Existen además en la actualidad, otras modalidades de transferencia  de créditos en las que las reglas de publicidad contempladas en el artículo 1690 del Código Civil, no son exigidas, y la transferencia opera mediante mecanismos muy sencillos, como la inscripción en los registros del deudor, para el caso de los títulos denominados nominativos, o mediante simple endoso, en el caso de los títulos a la orden, o bien, mediante el simple traspaso material del documento, en la hipótesis de títulos al portador.

 

B. REGLAS DE FORMACIÓN

 

En los tres casos, delegación, novación, y cesión de créditos, nos encontramos frente a operaciones en las que están involucrados  tres sujetos[8] (delegante, delegado, delegatario; deudor original, deudor nuevo, acreedor; cedente, deudor cedido y cesionario).  Sus requisitos de validez estarán determinados por la naturaleza jurídica del contrato.

 

1. Naturaleza Jurídica

 

Todas estas operaciones tienen carácter consensual, no están sometidas a formulas sacramentales o a requisitos excepcionales para la exteriorización del consentimiento. Sin embargo, el rol que juega cada uno de estos actores, y las condiciones necesarias para formalizar la operación, así como sus efectos difieren la una de la otra en mayor o menor medida.  Particulares características reviste la delegación, toda vez que es considerada por una parte de la doctrina como un contrato abstracto.

 

2. Requisitos de Validez

 

Los requisitos de validez para la formación de los contratos rigen también en cada uno de estos casos (Art. 1108 del Código Civil).  Sin embargo, en el caso de la delegación, dada su naturaleza, se plantean particularidades específicas con relación al elemento de la causa.   Como la delegación es considerada un “acto abstracto” se concluye que  el elemento de la causa resulta indiferente para la validez del contrato, en razón de que el fundamento de la obligación que asume el delegado frente al delegatario, no reside en la contraprestación de la obligación como ocurre con los contratos sinalagmáticos ni se encuentra en las eventuales relaciones jurídicas que previamente habrían de existir entre el delegante y el delegado, por lo que, en consecuencia, la delegación sería válida en si misma, independientemente de la licitud, nulidad o inexistencia de la causa de la obligación. [9]

 

Para la validez de la novación se exige el consentimiento del nuevo deudor y el del acreedor; para la validez de la delegación se requiere el consentimiento de los tres sujetos; para la validez de la cesión de créditos, se exige solo el consentimiento del cedente y del cesionario (Arts. 1690, 1274, 1275).

 

En los tres casos el objeto de la obligación lo constituye un crédito (crédito o deuda), ya sea nuevo o preexistente.  En la delegación imperfecta y en la novación se genera una nueva obligación; en la delegación perfecta y en la novación además de crearse una nueva, se extingue una anterior; y en la cesión de créditos el único elemento nuevo en la relación, lo constituye la persona del nuevo acreedor.  Sin embargo, por efecto de la transferencia operada, y en tanto contrato sinalagmático, la cesión de créditos genera además obligaciones a cargo de cada una de las partes contratantes.

 

II. COMPARACIÓN DE LOS EFECTOS

 

Para sopesar adecuadamente los efectos de estas operaciones de forma comparativa, resulta conveniente, examinarlos en dos vertientes, primero en cuanto a los efectos sobre la situación existente con anterioridad a la formación del contrato y segundo, en función de la situación generada a partir de la operación convenida, enfocando en cada caso las relaciones entre los sujetos originales y los sujetos que intervienen en cada uno de los contratos analizados.

 

A. EN CUANTO A LAS RELACIONES ANTERIORES

 

En la novación, la obligación original se extingue y ninguna de sus consecuencias se transmiten a la nueva obligación. Estos mismos efectos estarán presentes en la delegación perfecta toda vez que la misma como se ha precisado constituye una forma de novación.  Ahora bien, en el caso de la delegación imperfecta lo que se ha hecho es crear una nueva obligación a favor del mismo acreedor, por lo que este se aprovecha de los mismos beneficios de que disfrutaba respecto de la obligación original, y se favorece además de un nuevo crédito.  En cuanto a la cesión de créditos, con respecto al deudor, todo ocurre, tal y como si la cesión no hubiere existido, lo único que ha operado es la sustitución del acreedor, pero el deudor estará obligado en los mismos términos y condiciones de la obligación original.  De su parte el cesionario, desplaza al acreedor original y se subroga en todos sus derechos, al tiempo que adquiere ciertos derechos con respecto al cedente.

 

B.        EN CUANTO A LAS RELACIONES POSTERIORES

 

Tanto en la delegación perfecta, en la novación por cambio de deudor como  en la cesión de créditos, se produce una modificación de una situación preexistente: uno de los sujetos originales sale del cuadro de la obligación primitiva, el delegante es sustituido por el delegado; el cedente es sustituido por el cesionario, y el deudor primitivo es sustituido por el nuevo deudor.  Si se trata de la delegación imperfecta, sin embargo, se introduce un sujeto nuevo, el delegado, lo mismo ocurre en la cesión de créditos y en la novación por cambio de deudor. 

 

  1. Efectos de la Delegación y de la Novación

 

Resulta conveniente analizar conjuntamente los efectos de la novación y la delegación, toda vez que son las operaciones que tienen más afinidad de las tres analizadas, y respecto de las cuales se suscitan en consecuencia, mayores derivaciones de carácter contencioso.

 

Tanto la novación como la delegación perfecta extinguen las deudas previas, razón por lo cual  ni los medios de defensa de que disponía el deudor, pueden ser invocados respecto de la nueva obligación ni el acreedor puede aprovecharse de las garantías que acompañaban a la obligación anterior. Por su parte, ambos deudores, podrán oponer las excepciones y medios de defensa que les son propios, pero no se benefician de aquellas que corresponden al otro deudor. 

 

  1. Inoponibilidad de las Excepciones

 

Por efecto de la delegación perfecta, el delegante queda liberado, pero el delegado no podrá oponerle al delegatario las excepciones que resultan de la obligación existente entre el delegante y el delegatario. La Corte de Casación francesa ha mantenido de manera constante este principio.  (Civ. 31 de mars 1852, DP 52. 1. 162, Civ. 4 mars 1910, S. 1913. 1. 241 ; Civ. 1er. 26 janv. 1960, Bull. Civ. I, nº 55; Civ. 1er. 2 avr. 1968; Bull. Civ. I, nº 115; Com. 15 Oct. 1979, Bull. Civ. IV, nº 254; 22 avr. 1997, Bull. Civ. IV, nº 98, JCP 1998. II. 10050).  La regla de la inoponibilidad de las excepciones es común a las dos especies de  delegación como a la novación.

 

Para una parte de la doctrina, el fundamento de esta consecuencia se ubica en el carácter “abstracto” de la operación convenida. Así, “en lo que concierne a las excepciones nacidas en las relaciones del delegado y el delegante, la causa del compromiso del delegado respecto del delegatario debe ser buscada en las relaciones del delegado con el delegante.  En consecuencia, si por una razón u otra el delegado no es más deudor del delegante, no debería serlo tampoco con respecto al delegatario.  Por ejemplo, si el contrato concluido entre el delegado y el delegante era nulo o resuelto, la obligación del delegado respecto al delegatario vendría a carecer de causa.  Ahora bien, no se admite que el delegado pueda evadir la ejecución de su obligación frente al delegatario oponiendo un medio de defensa  derivado de sus relaciones con el delegante. Resulta entonces que este compromiso es válido fuera de toda referencia a su causa  Si esta conclusión no es conforme a las previsiones del artículo 1131, resulta conforme a la tradición romana y al interés práctico de la operación, lo que le ha permitido imponérsele, manteniendo así el principio de la inoponibilidad de las excepciones”. [10]

 

Otra corriente doctrinaria trata de explicar la regla de la inoponibilidad de las excepciones en función de que el delegatario no es titular, como ocurre en el caso de una cesión de crédito, del crédito primitivo que une al delegante y al delegado, el cual le seria transmitido con todas sus eventuales debilidades, sino de un crédito nuevo nacido del compromiso del delegado frente a él; a lo cual se añadiría el hecho de que el delegatario es extraño a las relaciones delegante-delegado, así como la causa que asume el delegado para obligarse frente a él.  La falsedad o la caducidad de aquella no podría entonces influir sobre la validez del compromiso del delegado frente al delegatario. [11]

 

Sin embargo, se plantean dos manifestaciones de atenuación a la regla de la inoponibiliad de las excepciones en el caso en que el delegado y el delegatario convienen que la obligación nueva esté subordinada  a la condición de la validez del contrato concluido entre el delegado y el delegante o que esa nueva obligación esté limitada hasta el monto de la obligación contraída por él con el delegante[12], casos en los cuales el delegado podría oponer al delegatario une excepción derivada de su obligación con el delegante. [13]  No obstante, puede inferirse que en estos casos el delegado no estaría proponiendo una excepción derivada del compromiso asumido por el delegante, sino una excepción propia que emana no del contrato anterior, sino de la magnitud del compromiso asumido por él mismo, es decir del objeto de su propia obligación.

 

El mismo planteamiento se formula en el caso en que el delegatario es de mala fe, es decir, si conoce los vicios que afectan las relaciones entre delegado y delegatario, hipótesis en la cual se considera que la Corte de Casación Francesa ha reconocido de forma implícita, una excepción al principio de la inoponibilidad de las excepciones.[14]

 

  1. Inoponibilidad de las Garantías

 En el caso de la novación y de la delegación perfecta, como el crédito original queda extinguido, resulta claro que todos los derechos de que disfrutaba el acreedor con respecto al primer deudor quedan automáticamente extinguidos, ya sea que se trate de privilegios, hipotecas o garantías personales, a menos que hubiese un pacto expreso en ese sentido.  En todo caso, se trataría de una nueva garantía provista por la persona con calidad para ello.  Así, si se tratare de una garantía real, provista por el deudor primitivo, en su calidad de propietario de un bien mueble o inmueble, su consentimiento para la constitución de la prenda o de la hipoteca se impone.  De modo, que no se trataría del mantenimiento de una garantía previa, la cual por su carácter accesorio, quedaría extinguida junto a la deuda original, sino de la afectación del mismo bien a una deuda nueva.  Lo mismo ocurriría en el caso de las garantías personales, aun cuando el fiador o garante resulte ser la misma persona que prestó la garantía en la deuda anterior. En el caso de la delegación imperfecta los derechos surgidos por cada una de las obligaciones coexisten, entre las partes que las convinieron (delegado-delegatario; delegante-delegado).

 

  1. Efectos de la Cesión de Créditos

La cesión de crédito transfiere al cesionario los derechos del cedente y crea obligaciones a cargo de cada una de las partes contratantes.

 

a.       Transferencia de un derecho

 

·         El crédito es cedido por su monto nominal, sin importar cual ha sido el precio pagado por el comprador;

 

·         Todas las garantías y accesorios de que disfrutaba el acreedor-cedente quedan transferidas al acreedor-cesionario;

 

·         El deudor cedido puede oponer al cesionarios, los mismos medios de defensa y excepciones que pudiere invocar frente al acreedor original (cedente).

 

b.      Creación de Obligaciones

 

Si la cesión ha operado a título gratuito los efectos del contrato se equiparan a los de la donación, si se trata de una transferencia a título oneroso, sus efectos estarán sometidos a las reglas de la venta, es decir:

 

·         A cargo del cesionario, la obligación de pagar el precio a cargo del cesionario;

 

·         A cargo del cedente: la obligación de entregar el título de crédito y la Obligación de garantía, en cuanto a la existencia del crédito (Art. 1693), aunque no en cuanto a la solvencia del deudor (Art. 1694). No obstante esta regla puede ser modificada por acuerdo entre las partes, a fin de extender la garantía en cuanto a la solvencia del deudor, en cuyo caso, sin embargo, la misma solo alcanzaría hasta el monto del crédito.  En sentido contrario, se admite también que el cedente pueda obtener una atenuación de su obligación de garantía sobre la existencia del crédito, salvo si la reducción de la garantía implique la extinción del crédito por efecto de un hecho propio del cedente. 



[1] Civ. 14 mars, 1939: DH 1939, 273. Montpellier 30 janv. 1963: JCP 63, II, 13442, note P.L.

[2] Hnos. MAZEAUD, Lecciones de Derecho Civil, Parte 2da., Tomo III, p. 461, nº. 1211.

[3] Com. 16 de abril 1996, D 1996.571, note C. Larroumet; JCP 1996.II.22689, note Billian.

[4] C. LARROUMET, Droit Civil, Tome 3, p. 70, nº 80, 4e. édition, Economica, Paris,

[5] La jurisprudencia ha admitido  suficiente a los fines del artículo 1690, la notificación hecha en la forma ordinaria de los actos de alguacil conteniendo mención de la cesión,  pero  contenida en una citación o en un de mandamiento de pago tendente a embargo (Com. 8 févr. 1969, D 1969.354; Civ. 2e. 4 janv. Bull. Civ. Nº 3.

[6] Com. 15 juill. 1986, Bull. Civ.

[7] Req. 19 de déc. 1923 :DP 1925, I, 9, note Capitant.

[8] Les Operations Juridiques a trois personnes en droit privé, C. LARROUMET, thèse, Bourdeaux, 1968,  operaciones jurídicas triangulares ; Les opérations juridiques triangulaires attributives, thèse Panthéon-Assas (Paris II), 1994, 404, p.

[9] C. LARROUMET, op. cit., p. 70, nº. 80.

[10] C. LARROUMET, op. cit. p. 444, nº. 478 (traducción libre).

[11] H. CAPITANT, F. TERRE, Y LEQUETTE : Les grands arrêts de la jurisprudence civile, tome 2, 11e èdition, Dalloz, p. 438, 239-5-6, citant à C. LARROUMET, Les operations juridiques a trois personnes, thèse Bourdeaux, 1968, nº 220, p. 524.

[12] Civ. 1er. 9 déc. 1981, Bull, civ. I, nº 374, D. 1982, 445, note Mestre

[13] H. CAPITANT, et al, p. 437, 239-4

[14] Ibid.

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